Para una promotora, BIM puede ser una herramienta de control. No porque “el modelo sea bonito”, sino porque permite exigir y validar información con trazabilidad. Con un planteamiento correcto, BIM ayuda a comparar alternativas, revisar coherencia entre disciplinas y detectar riesgos antes de que impacten en presupuesto y calendario.
Uno de los puntos más valiosos es la gestión del cambio. En proyectos tradicionales, los cambios se dispersan entre correos, versiones de planos y reuniones. Con BIM y una organización adecuada, es más fácil rastrear qué ha cambiado, por qué, qué documentación afecta y qué impacto puede tener.
Además, BIM facilita mediciones y listados más consistentes cuando el modelo está preparado para ello. Eso mejora la capacidad de estimar costes, controlar desviaciones y discutir con datos. La clave está en pedir lo correcto: definir usos BIM, requisitos de información y un sistema de validación de entregables. BIM no es “tener un modelo”, es tener el modelo con la información que realmente se necesita para decidir mejor.